yo dormía en un sillón para oírlo respirar.
La cocina donde comía de pie porque él me llamaba antes de que pudiera sentarme.
El baño adaptado que limpiaba todos los días.
Las paredes con fotos de nuestra boda, donde yo aparecía con un vestido blanco y una cara que todavía no sabía lo que le esperaba.
—No, Esteban —dije—. Aquí ya no.
Esa noche dormí por primera vez en mi cuarto con la puerta cerrada.
No dormí bien.
El cuerpo no aprende libertad en una noche.
Me desperté varias veces