crees que soy yo la ambiciosa.
Me acerqué a la cama.
—Quiero mi vida. Mi parte. Mi nombre limpio. Y quiero que nunca más vuelvas a decir que me mantienes cuando fui yo quien sostuvo esta casa mientras tú repartías dinero como patrón.
Él apretó la mandíbula.
—Sin mí no eres nadie.
Antes, esa frase me habría roto.
Ese día solo me dio claridad.
—Sin ti voy a
averiguarlo.
Los días siguientes fueron una guerra lenta.
Esteban alternaba entre víctima y verdugo.
Un día lloraba.
—Brenda, yo estaba frustrado. Dije