tonterías.
Otro día amenazaba.
—No te voy a dejar nada.
Otro día usaba su silla como trono.
—A ver quién te va a querer después de cuidar a un paralítico cinco años.
Yo ya no contestaba sola.
Todo pasaba por Rebeca.
Todo quedaba escrito.
Todo tenía fecha.
Esa fue mi primera venganza real: quitarle el reino de la palabra suelta.
Tomás empezó a desesperarse cuando los depósitos se detuvieron.
Llegó una tarde gritando que tenía pagos pendientes.
—Mi papá prometió ayudarme.
Yo estaba doblando ropa.
—Tu papá también prometió amarme.
—