habría corrido.
Habría dormido sentada.
Habría llorado de miedo.
Esta vez llamé a Claudia, al médico y a la ambulancia.
Fui al hospital.
Sí.
No porque él lo mereciera.
Porque yo no quería convertirme en lo que él decía que era.
En urgencias, una enfermera me pidió datos.
Yo los di.
Esteban me miró desde la camilla.
—Sabía que vendrías.
Lo miré.
—Vine a entregar tu historial médico. No a volver.
Su cara se descompuso.
—Brenda…
—Voy a asegurarme de que recibas atención. No voy a ser tu cama, tu