de mi casa ya no parecía sala de hospital.
Puse un sillón amarillo.
Compré plantas.
Colgué cortinas claras.
Volví a usar perfume.
Volví a ponerme vestidos pegados, no para gustarle a nadie, sino para recordar que mi cuerpo no era solo
herramienta de cuidado.
También empecé un curso de auxiliar de enfermería.
La primera clase lloré en el baño.
Pensé que odiaría todo lo relacionado con cuidar.
Pero no.
Lo que odiaba era cuidar sin respeto.
Cuidar sin descanso.
Cuidar a quien se burlaba de mis manos mientras dependía