había supuesto que la pelea pudo haber comenzado por cualquier motivo cotidiano y terminar de forma terrible.
Ahora aparecía una posibilidad más concreta.
Lucía estaba tratando de irse.
Elena recordó todas las conversaciones recientes con su hija y comenzó a revisarlas mentalmente, buscando señales que en su momento parecieron pequeñas.
Una llamada terminada demasiado rápido.
Una visita cancelada.
Una respuesta evasiva cuando Elena preguntó por qué no irían a comer el domingo.
Nada de aquello demostraba por sí solo lo que sucedía dentro de la casa, y Elena se negó