Elena comprendió que quizá hablaba de la voz que seguía recordando, de las últimas instrucciones, de una advertencia que todavía no sabía separar del miedo.
Eso no hacía menos importante lo que estaba contando.
Lo hacía más delicado.
Javier se limitó a detener la cremación y a comunicar lo descubierto a quienes debían revisar formalmente la muerte; no prometió arrestos, no adelantó conclusiones y tampoco permitió que Álvaro siguiera acercándose a Inés mientras ella estaba hablando.
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Elena agradeció precisamente eso.
Necesitaba hechos.
No discursos.
No consuelo fabricado.
Horas después,