en el buzón, dirigido a Julia.
Algo en ese sobre me apretó el estómago. Julia lo abrió y cayó una fotografía: era ella en la cafetería donde trabajaba, tomada tres días antes desde la acera de enfrente.
—¿Tú hiciste esto, mamá?
—No. Nunca vi esa foto.
Desdobló la tarjeta y las manos empezaron a temblarle: «Feliz cumpleaños, hermanita. Prometí que estaría aquí».
—Bruno fue mi único hermano. Mamá, ¿quién escribió esto?
No pude contestar. Alguien sabía dónde trabajaba Julia y cuándo estaría allí. Y una frase se repetía en mi