Mi hijo se convirtió en donante para salvar a su hermana de cinco años. Murió, y en su cumpleaños número 18 ella recibió una tarjeta que decía: «Feliz cumpleaños, hermanita»

años». Quería que supiera que seguía a su lado.

—¿La guardaste todos estos años?

—En un cajón, en cada departamento al que me mudé.

—¿Por qué no se la diste?

—Me daba vergüenza. No podía mirarte a los ojos.

—O sea que nos vigilaste.

—Me aseguré de que estuvieran bien.

—Nos espiaste.

—Lo sé. —Miró hacia la casa—. Hace tres días vi a Julia en la cafetería. Se parece tanto a Bruno. Saqué la foto.

—¿Y ahora estás aquí?

—Porque Bruno me lo pidió.

—No puedes volver así a nuestras