enseguida.
Al día siguiente escribí:
“No cargues con lo que él no supo ordenar dentro de sí mismo. Aprende de esto. Y no aceptes ser el refugio emocional de un hombre que todavía tiene una esposa esperando en casa.”
Ella respondió:
“Gracias.”
Nada más.
No nos hicimos amigas.
No hacía falta.
Pero dejé de verla como mi reemplazo.
El resto lo encontrará en la página siguiente.
Nadie reemplaza a nadie.
Las personas no son muebles que se cambian cuando envejecen. Una mujer no ocupa el lugar de otra. Lo que