los dieciocho años hice lo mismo con mis padres.
Cuando me negaron estudiar arte para obligarme a trabajar por mi hermano menor, me fui de casa y jamás volví a pedirles nada.
A las diez presentamos la solicitud de divorcio.
Por la cantidad de propiedades y acciones, el trámite fue más largo de lo normal. Al final, nos entregaron un comprobante.
Treinta días.
La ley nos daba treinta días para arrepentirnos.
Al salir, Ethan preguntó:
—¿A dónde vas? Te llevo.
—No hace falta.
Levanté la mano y detuve un taxi.