una carpeta frente a mí.
Ethan la abrió.
–Lee.
Miré la primera página.
Luego la segunda.
Volví a la primera.
–No entiendo.
–Sí entiendes.
Sentí que me temblaban los dedos.
–Dice que no existe deuda sobre el edificio.
–Correcto.
–Dice que el propietario…
Me detuve.
–Soy yo.
–Sí.
Levanté la vista.
–¿Qué hiciste?
–Separé el edificio del proyecto y transferí la propiedad.
Cerré la carpeta.
–¿Quién eres?
El ruido de la panadería pareció desaparecer.
Ethan respiró lentamente.
–Mi apellido es Cole.
No entendí durante 2 segundos.
Después lo recordé.
Un