cambio.
Ethan dejó de beber.
Durante unos segundos, su expresión cambió.
–Tu abuela parecía una mujer inteligente.
–También era aterradora con una cuchara de madera.
Sonrió.
Fue la primera vez.
Una sonrisa pequeña.
Cansada.
Pero sincera.
Más tarde supe que aquel día era el aniversario de la muerte de su madre.
En ese momento no me contó nada.
Solo permaneció junto al horno hasta dejar de temblar.
Antes de que se marchara, saqué una bufanda gris del almacén.
–Póngasela.
–No puedo aceptar más cosas.
–Puede devolverla otro día.
–¿Y si