continuaron varias semanas después de que ella fuera despedida.
Mariana no podía haberlas hecho.
Alejandro imprimió los documentos y regresó a su casa.
Ella abrió la puerta, pero esta vez no intentó cerrarla inmediatamente.
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—No vine a preguntarte por Sofía —dijo él.
Mariana lo miró con desconfianza.
Alejandro extendió una carpeta.
—Vine a hablar de los Robles.
Mariana palideció.
—Déjalo.
—No puedo.
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—Yo sí pude.
—No, Mariana. Sobreviviste. No es lo mismo.
Ella bajó la mirada.
Alejandro abrió la carpeta.
—Las transferencias continuaron después de que te despidieron.