Mariana levantó la cabeza.
Por primera vez desde que él había regresado, su expresión dejó de ser rabia.
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Era miedo.
—¿Cómo sabes eso?
—Porque alguien te utilizó.
Mariana tomó los papeles.
Sus manos comenzaron a temblar.
—Yo se lo dije a Ernesto.
—¿Qué cosa?
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Mariana se sentó lentamente.
—Que había encontrado facturas falsas.
Alejandro no habló.
—Ricardo controlaba varios proveedores —continuó ella—. Yo descubrí que algunos cobros estaban duplicados. Otros correspondían a mercancía que nunca había llegado.
—¿Y se lo dijiste a Ernesto?
Mariana asintió.
—Pensé que no