secundaria.
Un murmullo recorrió el salón.
Rodrigo señaló su reloj, su vestido, sus joyas.
—¿Y todo esto?
—Prestado, rentado o falso.
Camila levantó el bolso.
—Esto costó menos que la cena que me invitaste la primera noche. El Porsche lo rentó Mariana. La tarjeta que usé durante nuestras citas estaba vinculada a una cuenta de Mariana.
Rodrigo perdió el color.
—¿Qué?
—Sí. Mientras tú presumías que una millonaria pagaba tus cenas, seguías viviendo del dinero de la mujer a la que llamabas inútil.
Las primeras risas nerviosas aparecieron entre los