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Durante varios segundos nadie respiró.
Rodrigo miraba a Camila como si esperara que se riera y dijera que aquello era una broma.
—¿Camila? —balbuceó—. ¿De qué está hablando? Tú eres Renata.
Ella se levantó lentamente.
La expresión dulce de heredera desapareció.
—No, Rodrigo. Renata no existe.
Teresa llegó tambaleándose hasta el escenario.
—¡Miente! Dile quién es tu papá. Dile lo de la constructora.
Camila tomó su bolso.
—No tengo ningún papá dueño de una constructora. Mi papá tiene una papelería en Toluca y mi mamá da clases en una