mezcla de furia y desesperación.
—¡Me usaste!
—Mariana me contrató para acercarme a ti. Nadie te obligó a darme tu número. Nadie te obligó a besarme. Nadie te obligó a hablar mal de tu esposa ni a pedirle el divorcio.
Camila recogió su pago.
—Mi trabajo era presentarte una puerta. Tú decidiste cruzarla corriendo.
Bajó del escenario y salió del salón.
Rodrigo giró hacia mí.
—¿Tú hiciste todo esto?
—Sí.
—¿Por qué?
—Porque dos meses atrás iba a entregarte una vida que jamás imaginaste.
Saqué una carpeta de mi bolso