Por la mañana me echaron de casa con dos maletas; por la noche mi suegra celebraba a la mujer que, según ella, le daría un nieto y millones a la familia. Esperé hasta que mi ex levantó el anillo frente a todos, caminé hasta el escenario y dije: “Antes de que se lo pongas, escucha esto”. Entonces saqué la prueba que podía destruir todo el banquete.

—Ella me presionó. Siempre estuvo obsesionada con tener un nieto. Mariana, tú sabes cómo es. Si volvemos, podemos alejarnos de ella. Podemos irnos a vivir a España. Ni siquiera tienes que ayudarla.

Teresa lo miró como si acabara de recibir una bofetada.

—Rodrigo…

—¡Tú empezaste todo! —le gritó—. ¡Tú querías a Renata! ¡Tú organizaste esta fiesta absurda!

—¡Pero tú te acostaste con ella!

—¡Porque tú me dijiste que no desperdiciara la oportunidad!

Madre e hijo comenzaron a acusarse frente a todos.

Y entonces entendí que el dinero no había destruido