—Ella me presionó. Siempre estuvo obsesionada con tener un nieto. Mariana, tú sabes cómo es. Si volvemos, podemos alejarnos de ella. Podemos irnos a vivir a España. Ni siquiera tienes que ayudarla.
Teresa lo miró como si acabara de recibir una bofetada.
—Rodrigo…
—¡Tú empezaste todo! —le gritó—. ¡Tú querías a Renata! ¡Tú organizaste esta fiesta absurda!
—¡Pero tú te acostaste con ella!
—¡Porque tú me dijiste que no desperdiciara la oportunidad!
Madre e hijo comenzaron a acusarse frente a todos.
Y entonces entendí que el dinero no había destruido