a aquella familia.
Solo había encendido una luz.
La podredumbre ya estaba allí.
Teresa quiso subir los escalones, pero se llevó una mano al pecho. Dos familiares la sentaron de inmediato y llamaron a una ambulancia. Estaba consciente, aunque completamente descompuesta por el miedo y la tensión.
Yo no celebré aquello.
Una emergencia médica no era justicia.
La verdadera consecuencia estaba alrededor: las deudas que ella misma había contratado, el hijo dispuesto a culparla para recuperar a una mujer rica y más de cien invitados que acababan de descubrir la