reducidos a dos maletas.
Caminé hacia la avenida sin llorar.
Rodrigo creyó que yo era una mujer abandonada.
Teresa pensó que esa misma noche recibiría a la hija de un poderoso empresario.
Los dos estaban convencidos de que Renata conducía un Porsche, tenía millones en el banco y llevaba en el vientre al heredero que salvaría a la familia.
Ninguno sabía que dos meses antes yo había recibido una herencia valuada en más de cinco millones de dólares.
Tampoco sabían que el Porsche era rentado.
Ni que el ultrasonido era