Mi cuñada encerró a mi hija con fiebre y mi esposa oyó todo-felicia kara

le pregunté si quería que consiguiéramos otro.

Me miró como si la respuesta fuera demasiado obvia.

—Con muchas chispas.

—Con muchas chispas.

—Y cinco velas.

—Cinco.

Claire apareció detrás de ella.

—¿Y puedo comer yo también o tengo que pasar una prueba?

Sophia se rio por primera vez desde aquel día.

—Tú sí puedes.

Luego me señaló.

—Papi también.

No mencionó a Sarah.

Nosotros tampoco.

Aún no.

Sabíamos que llegaría un momento en que tendríamos que explicar las cosas de una manera que una niña de cinco años pudiera entender