quien venía a inspeccionar una propiedad.
No la invité a entrar.
—He encontrado un obstetra excelente —anunció—. Atiende a las familias de nuestro círculo.
—Ya tengo doctora.
—También deberíamos pensar en una habitación en casa de Julian. Este apartamento…
Levanté una mano.
—Basta.
Me miró como si el ascensor hubiera hablado.
—No vas a elegir mi médico. No vas a decidir dónde vivo. Y los regalos no te compran autoridad sobre mí.
Su sonrisa se endureció.
—Sigues siendo igual de difícil.
—Ahora solo lo digo en voz alta.
Me tendió