PARTE 2: ESTA VEZ, LAS CONDICIONES ERAN MÍAS

la bolsa.

No la acepté.

Cuando cerré la puerta, me temblaban las piernas.

La firmeza quedaba mucho mejor en mis fantasías.

En la vida real tuve que sentarme en el suelo y respirar hasta dejar de sentir el corazón en la garganta.

Llamé a una amiga.

Después busqué una abogada independiente.

Quería comprender mis opciones y dejar por escrito, cuando correspondiera, cómo organizaríamos las responsabilidades hacia el bebé.

Esta vez nadie iba a explicarme que aceptar lo que me ofrecían era una forma de agradecimiento.


Julian llegó aquella tarde.

No