PARTE 2: ESTA VEZ, LAS CONDICIONES ERAN MÍAS

mesa.

—También le dije que no volveré a escuchar que te llame vulgar.

Sentí ganas de llorar.

Me enfadó sentirlas.

—Eso habría sido útil hace dos años.

Bajó la cabeza.

—Sí.

Por primera vez, no añadió una defensa.


Durante los meses siguientes, dejó de prometer cosas enormes.

Empezó a cumplir las pequeñas.

Llegaba a la hora acordada.

Preguntaba antes de contarle algo del embarazo a su familia.

Cuando no podía acompañarme a una cita, avisaba y preguntaba si necesitaba transporte.

Una tarde encontró mi libreta abierta sobre el sofá.

—¿Escribes