Rachel nunca volvería a hacer aquello.
—¿Tiene nombre? —pregunté.
La trabajadora social asintió.
—Rachel dejó uno.
Sentí que James se tensaba.
—¿Cuál?
La mujer revisó el expediente.
—Grace.
Cerré los ojos.
James sabía por qué.
Ese era el nombre que yo había elegido a los diecinueve años.
Lo miré.
—¿Tú se lo dijiste?
—No.
—James.
—Te juro que no.
La trabajadora social intervino.
—El nombre aparece en documentación que Rachel completó antes del parto.
Después James recordó algo.
Años atrás, en aquella reunión familiar, yo había mencionado el nombre durante