cabeza.
—Rachel quería hacer un plan para la bebé.
Miré la puerta.
Después el sobre.
—¿Qué clase de plan?
—Adopción.
Mi corazón dio un golpe.
—James…
—No dije que sí.
—¿A qué?
Entonces levantó la mirada.
Y vi terror en su rostro.
No miedo de mí.
Miedo de lo que estaba a punto de pedirme.
—Quería que nosotros la criáramos.
No respondí.
El corredor pareció quedarse sin sonido.
—¿Nosotros?
—Sí.
—¿Desde hace seis semanas sabes que una mujer embarazada quería entregarnos a su hija?
—Sí.
Me levanté.
—¿Cómo pudiste ocultármelo?
—