el mundo debería tener un lugar secreto que nadie conozca”, dijo. “Tu madre no sabe nada de esto. Tu padre no sabe nada de esto. Solo
tú y yo”.
“¿Por qué yo?”
Me miró fijamente durante un buen rato. Mi abuelo tenía unos ojos azul claro que siempre parecían un poco tristes, incluso cuando se reía.
“Porque eres tú quien lo necesitará”, dijo.
En aquel momento no entendí lo que quería decir.
Me arrodillé y levanté el panel.
La caja fuerte seguía allí.