casa. Fotografié cada página con las manos temblando, dejé todo como estaba y salí corriendo hasta donde esperaba don Segundo.
La trampa que se les volvió en contra
Llamé a mi amiga Lucía Paredes, abogada especializada en familia y sucesiones. Me pidió calma: guardar las pruebas, no firmar nada y no dejar que sospecharan. Volví a casa un día antes de lo “previsto”, con mi maleta y mi mejor cara de madre confiada. Esa noche, pegada a la puerta de su cuarto, los oí confirmar el plan: me llevarían a