de confirmar que sabía exactamente de qué testigo hablaba.
—Rowan…
—¿Sabías que estaba embarazada?
Ella empezó a llorar.
Pero ya no confiaba en las lágrimas de nadie.
—Yo iba a perderte.
La frase no fue una respuesta.
Fue una confesión.
—¿Lo sabías?
—Ella ya te estaba perdiendo.
—Tessa.
—¡Sí!
El grito llenó la sala.
—Sí, lo sabía. ¿Estás contento?
El silencio que siguió fue absoluto.
—Sabía que estaba embarazada —dijo, temblando—. Pero no sabía si eran tuyos.
—Mi nombre está en los certificados.
—¡Porque ella podía poner lo que quisiera!
—