la puerta.
Los otros dos la siguieron.
Mateo permaneció junto a la mesa.
Sobre ella estaban la caja de cartas, el recibo y la historia de una vida que había ignorado.
Afuera, las tierras que él había venido a comprar seguían extendiéndose detrás de la casa.
Ya no parecían una oportunidad de negocio.
Eran el lugar donde sus hijos habían crecido.
El lugar que alguien había ayudado a conservar cuando él estaba ocupado construyendo otra vida.
Mateo salió detrás de ellos.
—Lucía.
Ella se detuvo.
—¿Qué?
—No sé cómo arreglar