Cuando llegó el momento del parto, uno de los bebés necesitó atención inmediata.
Lucía había llegado sin dinero suficiente.
No podía localizar al padre de los niños.
Y tampoco podía esperar.
Mateo levantó la vista.
—¿Quién te ayudó?
Lucía no respondió de inmediato.
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Abrió otro cajón.
Sacó un recibo doblado varias veces y lo puso sobre la mesa.
—Vendí lo último que me quedaba de nosotros.
Mateo miró el papel.
Al principio no entendió.
Luego leyó la descripción del objeto.
Y lo reconoció.
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Era el único recuerdo valioso