a mi papá que no quería que vendieran, hipotecaran ni comprometieran nada para cubrir una deuda sin entender primero qué la había generado.
Mi hermano se quedó callado.
Y ahí ocurrió algo que no esperaba.
Mi mamá tomó el teléfono.
—Mariana, hay algo más.
—¿Qué?
—La casa de Alejandro no está en la situación que él te dijo.
Mi hermano protestó al fondo.
—Mamá.
Ella continuó.
—Hace meses nos pidió dinero porque decía que tenía un problema temporal.
Yo esperé.
—Pero después descubrimos que había usado parte del valor de