Mi Papá Dijo Que Mis Hijos Eran Un Gasto, Hasta Que Una Deuda Familiar Lo Cambió Todo

mi papá me llamó.

Pensé que volvería a hablarme de la deuda.

No fue así.

—¿Cómo están Sofía y Mateo?

Sonreí.

—Bien.

—¿Y tú?

Miré hacia la sala.

Sofía estaba

haciendo tarea y Mateo armaba algo con piezas de construcción sobre la mesa.

—También bien.

Mi papá guardó silencio un momento.

—Quería decirte algo.

—¿Qué?

—Lo de Cancún estuvo mal.

No respondí.

—No debí decir que tus hijos eran un gasto.

Sentí que esa frase llevaba años esperando salir.

—Son mis nietos —continuó—. Y debí recordarlo antes de hablar de