Nuestro nuevo hogar. Lo pagaremos nosotros.»
Sonreí.
Respondí:
«Estoy orgullosa de vosotros.»
Entonces apareció otro mensaje.
De mi padre.
No pedía dinero.
No hablaba de documentos.
No mencionaba la casa.
Solo decía:
«Buenos días, Elena. Espero que estés bien.»
Miré el mensaje durante unos segundos.
Después respondí:
«Buenos días, papá. Estoy bien.»
Nada más.
No necesitábamos fingir que el pasado había desaparecido.
Necesitábamos construir algo diferente.
Dejé el teléfono sobre la mesa y miré hacia el lago.
Semanas atrás había salido de aquella misma casa cargando mi bolsa militar mientras