tarde me llamó mientras yo estaba en la villa.
—Tengo una noticia.
—¿Buena o mala?
—Creo que buena.
Había conseguido un trabajo administrativo a tiempo parcial.
No era el tipo de vida que había imaginado años atrás, pero le permitía contribuir a los gastos de su familia mientras los niños estaban en el colegio.
—David y yo hemos hecho un presupuesto —me dijo.
Sonreí.
—Eso suena peligrosamente adulto.
Se rio.
Era extraño escucharla reír conmigo sin resentimiento entre las dos.
—Elena, quería preguntarte algo.
—Dime.
—¿Podemos ir el sábado?
Miré