sé.
—Y tú nunca estabas compitiendo conmigo.
Aquello me sorprendió.
—No.
—Eso lo hace todavía peor.
—Olivia, no podemos cambiar lo que ocurrió.
—Pero puedo reconocerlo.
Me miró directamente.
—Cuando papá me ofreció esta villa, sabía que algo no cuadraba. No quería pensar demasiado porque deseaba que fuera verdad.
Asentí.
Ya me lo había confesado antes.
Pero esta vez añadió algo nuevo.
—Creo que durante años culpé a tu carrera de la distancia entre nosotras. Decía que siempre estabas demasiado ocupada.
—A veces lo estaba.
—Sí. Pero también recuerdo todas