padre.
Nunca me pidió dinero ni intentó que eligiera un bando.
Simplemente empezó de nuevo.
Y mi padre…
Mi relación con él fue la que más tiempo necesitó.
Durante meses respetó mis límites.
No pidió dinero.
No apareció sin avisar.
No intentó justificar nuevamente lo ocurrido.
De vez en cuando me enviaba un mensaje.
Yo contestaba cuando quería.
Algunas conversaciones duraban cinco minutos.
Otras no llegaban a comenzar.
Hasta que una mañana recibí algo diferente.
«Elena, sé que no tengo derecho a pedirte otra oportunidad. Pero si algún día quieres