James.
Debajo había cuatro palabras:
«Para Elena. Solo ella.»
Y el sobre seguía cerrado.
Durante unos segundos no pude apartar la vista de aquellas cuatro palabras.
«Para Elena. Solo ella.»
James siempre había tenido una letra ligeramente inclinada hacia la derecha. Incluso después de tantos años, habría reconocido su caligrafía entre cientos.
—David —dije cuando conseguí recuperar la voz—, no abras ese sobre.
—No pensaba hacerlo.
—Y no permitas que nadie sepa que lo has encontrado.
—Elena, creo que tu padre sabe que estoy revisando sus cosas.
Miré el reloj.
—