Mi padre me echó de mi propia villa y se la entregó a mi hermana… pero olvidó un detalle: la casa nunca fue suya

más que cualquier cheque.

Me acerqué y la abracé.

No solucionaba años de resentimiento.

No borraba lo ocurrido.

Pero era un comienzo.

Aquella noche nos sentamos juntas frente a las enormes ventanas de la villa.

Por primera vez desde que había comenzado todo, la casa estaba realmente tranquila.

Entonces sonó mi teléfono.

Era Michael.

—Tengo el resultado de la revisión inicial de los documentos de la caja 317.

Me incorporé.

—¿Qué habéis encontrado?

Hubo una pausa.

—Más de lo que esperábamos.

—¿Cuánto?

—Elena, tenemos que reunirnos.

Miré a Olivia.

—¿Por