la propiedad realizadas durante periodos en los que ella recordaba que Marcos controlaba su teléfono y sus documentos.
La situación ya no se limitaba a lo ocurrido dentro de aquella casa.
Esa misma tarde acompañé a mi madre de regreso para recoger algunas pertenencias.
La vivienda estaba silenciosa.
Entrar allí fue difícil para ella.
Se quedó parada frente a su dormitorio mirando el lugar donde había estado instalado el cerrojo.
—Pensé que moriría aquí —susurró.
La abracé.
—Pero saliste.
Mi madre comenzó a llorar.
No como las otras veces.
Esta