Después de meses fuera, volví a casa y vi las marcas en el cuello de mi madre… Marcos no sabía quién acababa de regresar

vez no eran lágrimas de miedo.

Parecían lágrimas de alguien que empezaba a comprender que todavía tenía una vida por delante.

Subimos al dormitorio y llenamos dos maletas.

Cuando estaba cerrando la segunda, escuché a mi madre llamarme desde el pasillo.

—Valeria.

Había algo extraño en su voz.

Salí.

Estaba frente al antiguo despacho de mi padre.

La alfombra había sido apartada.

Debajo había una pequeña tabla del suelo ligeramente levantada.

—Yo no hice eso —dijo.

Me arrodillé.

Levanté cuidadosamente la tabla.

Había un hueco.

Dentro encontramos una caja metálica.