aparecía otro hombre.
Mi madre lo señaló inmediatamente.
—Lo conozco.
—¿Quién es?
Su rostro volvió a llenarse de miedo.
—Ese hombre vino a casa hace seis meses.
—¿Qué quería?
—Preguntó por Marcos.
—¿Y qué le dijiste?
Mi madre tragó saliva.
—Nada. Marcos salió y habló con él en el jardín durante casi una hora.
—¿Escuchaste algo?
—Solo una frase.
Me acerqué.
—¿Cuál?
Mi madre me miró directamente a los ojos.
—El hombre le dijo: “Si no consigues la firma de Sarah antes de octubre, perdemos todo”.
Miré el calendario de