Después de meses fuera, volví a casa y vi las marcas en el cuello de mi madre… Marcos no sabía quién acababa de regresar

mi teléfono.

Era 28 de septiembre.

Faltaban tres días para octubre.

Y entonces comprendí por qué Marcos había intensificado el control sobre mi madre durante las últimas semanas.

No se trataba únicamente de la casa.

Había una fecha límite.

Y todavía no sabíamos qué ocurriría cuando llegara.

Guardé la fotografía y la memoria USB.

—Nos vamos.

Pero antes de alcanzar la puerta principal, mi teléfono vibró.

Número desconocido.

Abrí el mensaje.

Solo contenía una fotografía.

Era una imagen tomada desde el otro lado de la calle hacía apenas unos segundos.