qué había un cerrojo fuera de mi dormitorio?
Silencio.
—Eso no era lo que parecía.
—¿Por qué tenías mis llaves?
—Porque las perdías constantemente.
—¿Por qué controlabas mi cuenta?
—Porque tú me lo pediste.
Mi madre cerró los ojos.
Durante casi dos años, aquel hombre había conseguido que dudara de sus propios recuerdos.
Esta vez no funcionó.
—¿Y por qué necesitas la firma de mi hija antes de mañana?
Silencio otra vez.
Más largo.
Finalmente Marcos respondió:
—Porque sin ella perderemos una oportunidad que podría hacernos ricos.
Mi madre abrió