los ojos.
—¿“Hacernos”?
Marcos comprendió demasiado tarde lo que acababa de decir.
—Sarah, escúchame…
—No.
Una sola palabra.
Pero jamás había oído a mi madre pronunciarla con tanta fuerza.
—Durante dos años me hiciste creer que no podía vivir sin ti. Me hiciste creer que la casa ya no era mía. Me hiciste pensar que estaba perdiendo la memoria.
Respiró profundamente.
—Pero recuerdo perfectamente una cosa, Marcos.
—¿Qué?
—Quién era yo antes de conocerte.
Y colgó.
No dije nada.
Simplemente la abracé.
El 1 de octubre
Llegó la fecha que