la manera que Marcos aparentemente esperaba.
Para modificar aquello se necesitaba un procedimiento adicional.
Y allí aparecía otro nombre.
El mío.
—Papá me incluyó.
Mi madre asintió lentamente.
—Por eso Marcos nunca quiso que supieras nada.
De repente, todo encajó.
No necesitaban únicamente la firma de Sarah Mendoza.
Necesitaban mantenerme lejos hasta que pudieran encontrar otra forma de superar aquella protección.
Entonces escuchamos un vehículo detenerse frente a la casa.
Miré por la ventana.
Marcos acababa de bajar de un coche.
Pero no estaba solo.
El hombre de la antigua