fotografía bajó del asiento del acompañante.
Mi madre retrocedió.
—Es él.
—¿El hombre que vino hace seis meses?
—Sí.
Marcos caminó hacia la puerta.
Esta vez no parecía arrogante.
Parecía desesperado.
Golpeó tres veces.
—¡Sarah! ¡Sé que estás ahí!
No respondimos.
—¡Solo necesito cinco minutos!
Mi madre me agarró del brazo.
Marcos volvió a golpear.
—¡Sarah! ¡Mañana será demasiado tarde!
Aquellas palabras me hicieron mirar el calendario.
29 de septiembre.
Quedaban menos de cuarenta y ocho horas.
Entonces el otro hombre habló desde el porche.
—Marcos, déjalo. Ya sabe demasiado.