la vivienda a nombre de mi madre.
Entre los demás papeles había copias de documentos que ella no recordaba haber firmado y movimientos bancarios que necesitaban ser revisados.
Marcos llevaba meses construyendo una mentira.
Y ahora aquella mentira empezaba a derrumbarse.
Esa tarde volví al hotel.
Mi madre estaba junto a la ventana.
—¿Ya terminó? —preguntó.
Me senté a su lado.
—Todavía no.
Su rostro se apagó.
Le tomé la mano.
—Pero esta vez no vas a enfrentarte a él sola.
Entonces ocurrió algo que no esperaba.
Mi madre abrió