una nuera debía entregarle al suegro el primer regalo caro recibido después de casarse.
Otro familiar contó que había obligado a sus hijos a firmar una carta prometiendo pasar todas las Navidades en su casa porque, según él, “los hombres de la familia siempre lo habían hecho”.
Alicia dejó de hablarle.
Teresa se fue a vivir temporalmente con una hermana.
Daniel comenzó terapia.
Yo también.
Dos meses después, me pidió que nos viéramos.
Elegimos una cafetería en el centro de Querétaro.
Llegó solo.
Sin flores.
Sin regalos.
Sin discursos preparados.